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Therapy

Personas con Trastornos de la Personalidad: Controladores, Abusadores, Manipuladores y Personas que Usan a Otras en sus Relaciones, Page 3

Traducción al español de “Understanding Personality Disorders in Relationships”.

¿Comportamiento inconsciente o calculado?

Cuado analizamos las emociones, las actitudes y las conductas de una persona con un trastorno de la personalidad, eventualmente comenzamos a cuestionarnos: ¿Estas características son calculadas e intencionales o son conductas inconscientes que no están bajo su control? Cuando trabajamos con personas con trastornos de la personalidad, vemos ambas cosas. Por ejemplo:

Actitudes
La mayoría de las actitudes observadas en las personas con trastornos de la personalidad provienen de muchos años atrás y han estado presentes desde sus años de la adolescencia. Culpar a otros es una característica típica de una persona con un trastorno de la personalidad y después de haber creído esto por muchos años, las personas con un trastorno de la personalidad realmente no creen que ellas sean responsables de sus conductas – incluso en el caso de las conductas delictivas. Estos individuos han re-pensado, re-elaborado y excusado su comportamiento al punto de no lograr comprender que éste constituye un denominador común a todos sus problemas. Los delincuentes sentenciados por delitos que van desde el robo de automóviles hasta los homicidios, tienen todos, una actitud similar: “la encarcelación es injusta”. Ellos ni siquiera tienen en cuenta a las víctimas como un factor de sus delitos, en absoluto. Por esta razón, aquellas personas que sufren un trastorno de la personalidad tienen una comprensión muy pobre de que sus actitudes arruinan sus propias relaciones. Las víctimas le asegurarán que tratar de explicarle a una persona con un trastorno de la personalidad una situación normal o saludable, es algo casi imposible.
Relaciones deficientes
Las personas con un trastorno de la personalidad desarrollan maneras deficientes de relacionarse con los demás, a lo largo de muchos años. Estas maneras deficientes de relacionarse, eventualmente se convierten en su única manera de relacionarse con los otros. Lo que tuvo origen en su niñez hace que, en su vida adulta, sólo conozcan una manera de relacionarse con los demás a través de la intimidación, las amenazas, la ira, la manipulación y la deshonestidad. Este estilo social defectuoso continúa, incluso cuando quienes le rodean tienen buenas habilidades sociales, son personas que se preocupan por los demás, aceptan a los demás y son afectuosas.
Conductas circunstanciales
La justificación de sus conductas a través de estas actitudes que tienen varios años, puede ser muy calculada en las personas con un trastorno de la personalidad; estas personas pueden tener determinadas intenciones y ser manipuladoras en sus relaciones con los demás. Sus habilidades de toma de decisiones, sus estrategias para enfrentar problemas y sus manipulaciones suelen estar bien planificadas con el fin de poder cumplir con sus propósitos. Financieramente, pueden obligarlo a usted, de manera legal e intencional, a pagar por sus deudas. Pueden robarle dinero, justificando esa conducta con excusas como: “Corté el césped durante tres años, me lo merecía”. Esta combinación de actitudes de muchos años y conductas calculadas son lo que hacen de una persona con un trastorno de la personalidad un ser peligroso en cualquier relación interpersonal.

¿Qué significa esto para las víctimas?

En una relación con una persona que padece un trastorno de la personalidad, hay varias verdades básicas presentes: Las mismas incluyen lo siguiente:

  1. La víctima que mantiene una relación con una persona que tiene un trastorno de la personalidad no creó ese trastorno de la personalidad. Muchas personas que sufren un trastorno de la personalidad culpan a la víctima de sus ataques, sus mentiras, su mala conducta, sus engaños e intimidaciones, etc. En realidad, la persona que padece un trastorno de la personalidad exhibe esas conductas, independientemente de que la víctima esté presente o ausente. Las víctimas no provocan ser atacadas, simplemente se han involucrado con una persona abusadora.
  2. Si la víctima cambia su conducta, la conducta de la persona que sufre un trastorno de la personalidad no varía. Muchas víctimas se vuelven supersticiosas y sienten que pueden controlar la conducta de una persona con un trastorno de la personalidad, cambiando su propia conducta. Ésta puede ser una solución pasajera, lo que sólo significa que ahora la víctima sólo estará satisfaciendo las demandas de la persona que padece un trastorno de la personalidad. Cuado la persona que tiene un trastorno de la personalidad se siente justificada, vuelve a su comportamiento habitual sin importarle los cambios de conducta de la víctima. Amar a los tiburones no nos protegerá, si nos encontramos sangrando dentro de un estanque lleno de tiburones.
  3. Un trastorno de la personalidad es un patrón permanente que viene desde hace muchos años atrás. El tiempo no cambia este tipo de personalidades. Si su madre o su padre padecían un trastorno de la personalidad durante su infancia, al regresar al hogar después de veinte años, usted encontrará que sus viejas conductas siguen igual, como en su mejor momento.
  4. Casarse, tener un bebé, irse a vivir con este tipo de personas, etc., de hecho, empeora su conducta disfuncional. La presencia de estrés exagera y amplifica las características normales de nuestra personalidad. Las personas mentalmente saludables, pero tímidas, se vuelven más tímidas cuando están bajo estrés. El estrés o la tensión que generan las responsabilidades adicionales, en realidad, incrementan las malas conductas de una persona con un trastorno de la personalidad.
  5. Cuando estamos involucrados, de alguna manera, con una persona que tiene un trastorno de la personalidad – ya sea nuestra pareja, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros hermanos, o nuestros amigos, etc., no sólo debemos reconocer sus conductas, sino también desarrollar una estrategia para protegernos. Muchas de nuestras estrategias necesitan centrarse en proteger nuestra estabilidad emocional, nuestras finanzas y nuestras otras relaciones. Como padres, si nuestro hijo o hija adultos padecen un trastorno de la personalidad, debemos protegernos de las conductas que puedan poner en peligro nuestra vida y estilo de vida. Como hijos de un padre con un trastorno de la personalidad, a menudo debemos proteger a nuestra familia inmediata y a nuestros hijos de las malas conductas de nuestros padres. Es importante recordar que, para las personas con un trastorno de la personalidad, SU propia supervivencia y bienestar es su prioridad – no así, la salud o el bienestar de quienes le rodean.

Resumen

A medida que vamos viviendo nuestras vidas, nos encontramos con una diversidad de personas. También establecemos diversas relaciones con los demás, tales como las que establecemos con los miembros de nuestra familia, nuestros vecinos, nuestros compañeros de trabajo, nuestros amigos y con personas que nos resultan familiares. Las relaciones saludables parecen establecerse del mismo modo – comprenden características de respeto, preocupación e interés por los demás, afecto, colaboración, honestidad, metas compartidas, etc. Una relación establecida con una persona que padece un trastorno de la personalidad es algo totalmente diferente. Ese 9 o 10 por ciento de los adultos que padecen un trastorno de la personalidad de la “Categoría B” pueden crear importantes dificultades en nuestras vidas. A menudo, durante breves contactos pueden causarnos problemas – como el tío que es un embaucador o la cuñada que nadie tolera en las cenas de las fiestas. Por consiguiente, cuando les permitimos participar en nuestras vidas, las personas que padecen un trastorno de la personalidad rápidamente toman el control de la situación y nuestras vidas pasan a centrarse en sus necesidades, demandas y objetivos. Para alcanzar sus objetivos egocéntricos, las personas que tienen un trastorno de la personalidad se convierten en controladores, abusadores, manipuladores y usan a otras personas en sus relaciones. La identificación temprana de aquellas personas que crean relaciones no saludables puede ahorrarnos muchos años de dolores de cabeza, como también evitarnos un daño a nuestra personalidad, nuestra autoestima, nuestras finanzas y nuestros estilos de vida.

En otro artículo llamado “Are You Dating a Loser? Identifying Losers, Controllers and Abusers” (disponible también en español: “Translation: ¿Está usted saliendo con un(a) Fracasado(a)?”) podrá hallar las técnicas específicas usadas por las personas con un trastorno de la personalidad de la Categoría B. También he abordado este tema y los problemas asociados con la permanencia en una relación abusiva o disfuncional en el artículo titulado “Stockholm Syndrome: The Psychological Mystery of Loving an Abuser” (“Translation: El Amor y el Síndrome de Estocolmo”).

Editor’s Note: Thank you to Mariana Barrancos (see “About Us: Meet the CounsellingResource.com Team”) for her work on this translation.